Dulce y apática armonía,
Es el cántico de lánguida tristeza
Sufriendo en el corazón la princesa,
Al enterarse de su terrible agonía
Entristeció la corte del rabino,
Cuando las concubinas vieron al cielo
Llorando su desconsuelo
Por la muerte de su adivino
La cofia real, corona de velo sonoro
Hizo remembranza en su proceso
Porque el monarca en su delicado deceso
Fue al infinito vestido de perlas y de oro
En el cielo de Alá, con interesante vaso de
jade
Se escucharon voces de un mágico cuento,
De frases célebres y genuino sentimiento
Entonada desde el palacio por Scherezade.
La odalisca que se hizo en los albores
Cuando a él en vida, le hizo interesantes
Las historias bravas, con fábulas fascinantes
De mágicas conquistas, genios y amores
Ella, su cuello evitó al filo de la espada
Por ingeniosas pautas de narrativa
A la salida del sol finalizaba intempestiva
Cortando el cuento en forma inesperada.
El interés del Sultán, el drama se mantenía,
La curiosidad de la trama era interesante
Quien aplacaba la ejecución por un instante,
Mientras la emoción del final no lo conocía.
Muchas historias posaron por su aposento
Deleitándole al extremo de perdonarle
La muerte de la dama que por saber contarle
Sobrevivía por las noches, de las mil, en
cuento.
El Sultán prendado de tan linda suerte
Pidió le
enviaran al cielo a su princesa,
Para que le contara la historia con franqueza
De sus amores, aventuras y de su muerte.
Con el califa fallecido, la orden fue cumplida
Muerta la concubina fue llevado por sorpresa
Envuelta en ricos velos y con corona, solo la
cabeza
Sin espíritu, el cuerpo inerte de la bella prometida
Nunca mas se volvieron a escuchar los cuentos,
Ni en los altares, escritos ni en los pensamientos.
De la bella Scherezade, del Califa, la
consentida.
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